Un árbol de ascendencia responde a una sola pregunta: ¿de quién vengo? Te sitúa en la base y se ramifica hacia arriba a través de tus padres y abuelos. A diferencia de un árbol genealógico, deja fuera a propósito a hermanos, tíos y primos, porque no son tus antepasados.
Esa contención es justamente el punto. Cada generación se duplica: dos padres, cuatro abuelos, ocho bisabuelos. Como la forma es tan predecible, un árbol de ascendencia te muestra al instante de qué rama no sabes nada: las tarjetas vacías son el plan de investigación.
Siete personas en tres generaciones: tú, tus dos padres y tus cuatro abuelos.
Ponte en la base y trabaja hacia arriba. Completa a tus dos padres y luego a los padres de ellos.
Registra el apellido de soltera de cada mujer del gráfico. La genealogía funciona con apellidos de soltera: el apellido de casada esconde la familia que intentas seguir.
Añade años y lugares de nacimiento. Esos dos datos son los que después te permitirán encontrar a alguien en un archivo.
Deja en blanco a los antepasados desconocidos en vez de adivinar. Una tarjeta vacía es un objetivo de investigación; un nombre inventado es un camino equivocado que seguirás durante años.
Extiéndelo hacia arriba hasta los bisabuelos cuando estés listo. El gráfico se duplica en cada nivel y conserva su forma.
Cada tarjeta vacía es una pregunta cuya respuesta está en algún sitio: las partidas de nacimiento y matrimonio suelen ser el paso siguiente.
No borres a un antepasado cuyo nombre no sepas. Conserva la tarjeta, deja el nombre vacío y anota lo que sí sabes de él.
Una carta de pedigrí muestra solo a tus antepasados directos: padres, abuelos y así hacia arriba. Un árbol genealógico muestra también hermanos, primos y tíos. El pedigrí es más estrecho a propósito.
Porque todo el mundo tiene dos padres biológicos. Tienes 2 padres, 4 abuelos, 8 bisabuelos y 1.024 antepasados diez generaciones atrás, y por eso estos árboles se ensanchan tan deprisa.
Deja el nombre vacío y conserva la tarjeta. La posición en el gráfico ya es información, y un hueco honesto vale mucho más que un nombre inventado.